60 AÑOS DE FORMACIÓN Y ACCIÓN

 
En el marco de los festejos por el 60º aniversario de la fundación del Colegio Mayor Universitario, su actual rector, el Ing. José Luis Ambrosino, quiso recordar y destacar la obra que realizaron sus antecesores, dos sacerdotes que dejaron honda huella en esta institución: Ernesto Leyendecker y Atilio Rosso. Dos sacerdotes marcaron la impronta de un trabajo educativo y social que ya lleva 60 años de labor en nuestra ciudad. Ernesto Leyendecker y Atilio Rosso -ambos fallecidos- fueron dos figuras clave para el nacimiento y desarrollo del Colegio Mayor Universitario, que próximamente celebrará un nuevo aniversario de su fundación.


Así lo quiso destacar el Ing. José Luis Ambrosino, actual rector del Colegio Mayor Universitario, en diálogo con Nosotros cuando se refirió al trabajo y compromiso que ambos sacerdotes tuvieron al momento de estar al frente de la institución, sobre todo en épocas difíciles desde el punto de vista político.

“Este año celebramos el 60º aniversario del Colegio Mayor Universitario, que nace y se crea con el empuje del primer sacerdote que nos dirigió, el Padre Leyendecker. Estamos hablando de 1954. En aquel momento, él junto a profesionales católicos, hombres y mujeres de Santa Fe miembros del entonces Ateneo Universitario y de la Acción Católica Universitaria, fundaron el Colegio Mayor. Lo hicieron bajo el modelo de los colegios mayores europeos con el objetivo de favorecer la formación integral de los estudiantes universitarios desde la libertad, la vocación de servicio y un diálogo maduro entre la fe y las ciencias”.


“Leyendecker -continuó- pretendía trabajar en la universidad en línea educativa, de la política partidaria, para enfrentar los problemas que había en ese momento en la universidad. Ellos ven la necesidad de crear una oferta comunitaria para los muchachos y chicas que venían a estudiar a Santa Fe, en un ambiente de formación católica y cristiana, y crearon el CMU. No tenía una función partidaria ni de militancia universitaria pero sí agrupaba a todos los que llegaban a estudiar a Santa Fe”.

También remarcó que “el padre Leyendecker era un referente de aquella época para la ciudad de Santa Fe. Un hombre muy talentoso, de mucha valentía en lo religioso y también en lo político. Le tocó vivir en una época política del país (hablamos de 1954, cuando había conflictos con la Iglesia y el poder político del momento) que exigía mucha valentía, mucha claridad y mucho amor a la Iglesia y a la libertad, que era su principal objetivo. Tuvo una presencia muy militante en Santa Fe, que le costó persecución y también calabozo. Pero el Colegio seguía adelante y sobrellevaba esa situación, que era bastante difícil”.

Humanismo cristiano

En este punto, Ambrosino, actual rector del Colegio Mayor Universitario, remarcó que “hubo problemas pero nunca llegó a desa-parecer” y justificó: “Primero, porque estaba el padre Leyendecker y segundo porque después estuvo el padre Rosso, otro hombre con características especiales”.

Y se explayó: “Leyendecker era un filósofo académico que, además de fundar el Ateneo Universitario y el Colegio Mayor, fue cofundador de la Universidad Católica. Creía en la libertad y en el pluralismo filosófico. Por eso era, a veces, muy discutido por los mismos miembros de la Iglesia, a quienes les parecía demasiado pluralista y, hasta a veces, demasiado transgresor. Pero su filosofía era de humanismo cristiano; él no renegaba de eso, participaba y trabajaba por ese humanismo filosófico. Ese pluralismo hizo que, a pesar de los problemas internos que había en el Colegio y de los problemas políticos, el Colegio siguiera funcionando”.

Y agregó: “Atilio llegó al Colegio en 1967 con otra formación. Él fue dos veces decano del Colegio Mayor. Se recibió de Doctor en Química, y después hizo la opción religiosa. En su época de estudiante, fue un militante de todas las creaciones del Padre Leyendecker. Atilio y Leyendecker fueron padres en el buen sentido de la palabra, no paternalistas”.

En ese punto, describió la situación que se vivía en el país en aquel momento: “Llegó en 1967 cuando la Iglesia acababa de salir del Concilio Vaticano II, con Pablo VI. Para la Iglesia es una apertura al mundo, tanto social como antropológica y litúrgica (antes, la misa se daba en latín, de espaldas). Esto produjo una entrada de aire libre en la Iglesia. Posteriormente, con Pablo VI, surge otro documento de la Iglesia que es la Encíclica Populorum Progressio, una versión más social de la apertura del Concilio Vaticano II. Invita a los pueblos del mundo a volcarse hacia las necesidades de los más pobres y llevar el mensaje a los que más lo necesitaban. Esta apertura social significó en los jóvenes de ese entonces un aliento de esperanza, de compromiso con las necesidades sociales de aquella época. Ahí, el Colegio Mayor empieza a trabajar en toda esa línea de apertura social, internamente pero sin dejar de participar en las luchas políticas”.

E insistió: “El Colegio Mayor siempre funcionó con la visión que tenía la Iglesia de la realidad social y desde una posición no oficialista jerárquica sino una posición religiosa, constructiva y, a veces, transgresora. Además, Leyendecker y Rosso participaron de la redacción de documentos de ese entonces, como el de los Sacerdotes del Tercer Mundo, donde se reconocía el valor social de los movimientos populares en la Argentina. No hay contradicciones políticas en la historia del colegio sino coyunturas políticas distintas, pero su sustrato religioso antropológico se mantiene, no cambia a pesar de los cambios de las situaciones políticas”.

Pluralista

El padre Leyendecker rigió los destinos del Colegio Mayor Universitario hasta 1967, cuando se incorporó el Padre Atilio Rosso, quien estuvo al frente de la institución hasta 2010, año en el que falleció inesperadamente.

Su actual rector también comentó que “el Colegio siempre fue pluralista, había un porcentaje que militaba y otro que no. Participaba en la acción política, se comprometía pero tenía su formación. La gente se formaba en su centro de capacitación. Había otras personas que sólo eran militantes, pero había siempre una formación. Atilio coexistía con el estudiante que era militante y en momentos muy riesgosos, pero siempre con una palabra de serenidad, sin violencia. No renunciaba a estar con ellos”.

Y planteó: “Cuando llega la democracia, en 1973, mucha gente del Colegio que se había capacitado con la ayuda de él, que nos habíamos formado en la ciencia, integramos parte del gobierno de la UNL. Esto fue un aporte muy importante del Colegio Mayor Universitario. Cuando se llega a la normalización constitucional de 1973, los que aportamos al saber dentro de la organización universitaria santafesina éramos, fundamentalmente, los miembros del Colegio”.

Nuevas necesidades

Por último, Ambrosino recordó cómo el padre Atilio Rosso vio la necesidad de crear una institución que también ayudara a mejorar la calidad de vida de los que menos tenían, tanto en su educación como en su salud y su hábitat.

“Alrededor de 1974, Atilio empieza a trabajar con otros sectores, los populares, a través de los cursos de oficios. Era necesario incorporar esa gran masa de hombres que quedaron sin educación, sin universidad. En 1976, cuando se produce el golpe de Estado, Atilio queda solo con el sector que venía trabajando. Muchos de los que militaban dentro y fuera del colegio empezaron a irse a la clandestinidad, a desaparecer de la parte pública. Algunos murieron, otros desaparecieron y otros volvieron con la democracia. En 1983, se produce una especie de liberación porque al trabajar en los barrios tenía una cierta limitación por la seguridad. Me decía: ‘Esto sí es aire fresco’”, reconoció.

Y continuó: “En la época del proceso no era fácil ir a un barrio pobre y volver, o que un sacerdote se pusiera a hacer algo porque era tildado de subversivo. En ese sentido, siempre vivió muchas complicaciones. Como hombre de la Iglesia cerca de Zazpe pudo seguir trabajando pero en condiciones muy restringidas. Y ahí Atilio empezó a pensar que esta gente necesitaba salud porque sin salud no puede estudiar; necesita educación primaria. Y empieza a organizar todo esto. Después advierte que la gente necesita un hábitat donde vivir, y empieza a construir las primeras casitas, en reemplazo de los ranchos. Ahí nace un poco el Movimiento Los Sin Techo, el 23 de noviembre de 1987. Se fijó esa fecha porque era el día del nacimiento de Atilio, un profeta en esa tarea; y el año porque Naciones Unidas lo decretó como ‘Año Universal de los Sin Techo’, invitando a la humanidad a agruparse con ellos. Además, la Iglesia sacó un documento invitando a los católicos a hacer algo por nuestros hermanos sin techo”.





LIBERTAD Y AMOR AL PRÓJIMO

Varias generaciones de jóvenes que llegaron a nuestra ciudad a realizar su formación profesional encontraron en el ámbito del Colegio Mayor Universitario un espacio de desarrollo personal, amistad y formación humanística, y hoy pueblan fábricas, oficinas y estudios esparcidos a lo largo y ancho de nuestro país y del exterior.

Según sus autoridades, la institución lleva “60 años educando, pensando y proponiendo caminos de realización, bajo el respeto irrestricto de la libertad y el amor al prójimo, impronta que le permitió seguir vigente, a pesar de los difíciles momentos vividos por sus autoridades y jóvenes integrantes. Hoy la institución -que alberga a unos 100 estudiantes universitarios y terciarios- es la sede administrativa y organizativa del Movimiento Los Sin Techo”.

Colegio Mayor Universitario

San Gerónimo 3328

Tel: 0342 4524260/4534198

3000 Santa Fe - Argentina

    

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